Te puede pasar Haití

Hace un par de días, hablaba por teléfono con mi padre, que vive en Madrid. Los dos veíamos el telediario al tiempo que hablábamos, y de repente hubo un silencio de aproximadamente un minuto… Nunca entenderé como es posible que pudiera llegar a sentirme tan desgraciado… Desgraciado de estar en mi propia casa, tumbado en la cama, quejándome de que mi plato caliente se había quedado frío, de que mi madre ese día no había puesto la calefacción y mi cuarto estaba helado, de que la conexión a Internet no funcionaba y casi lo pago con el pobre ratón. Tumbado en la cama con todo tipo de comodidades, y lo más importante, protegido de cualquier tipo de catástrofe de la naturaleza… Pero así fue, así me sentí…
Imagino que ya habréis adivinado de que os estoy hablando, en la calle no se habla de otra cosa, son muchos los programas de televisión que ya han puesto en marcha campañas multitudinarias de ayuda para los haitianos. Muchos artistas ya han donado millones de dólares, la mayoría de mis amigos ya han enviado el poco dinero que se podían permitir o mandado un sms para aportar su granito de arena, yo mismo lo hice ayer. Todo ello para proporcionar alimentos, medicinas o tiendas de campaña que sirvan de refugio a todos los damnificados.
Por mucho que te digan que ha habido un feroz seísmo, que han muerto miles de personas, que se están matando por la comida, que se han quedado sin casa, que no hay medicinas para salvar ni siquiera a los supervivientes… Por mucho que te digan, si no lo ves con tus propios ojos, no te puedes ni imaginar la verdadera tragedia que se está mascando. Es terrible.
Os digo esto porque es mi caso en particular. Hace días escuché la noticia acerca de un terremoto y un gran número de fallecidos, pero claro, una cosa es que te lo digan y otra bien distinta es ver las imágenes con tus propios ojos. Cuando puse las noticias en la televisión y pude contemplar a toda esa gente matándose por conseguir una barra de pan que lanzaban desde un helicóptero, se me cayó el alma a los pies. Y eso que lo vi por televisión, no me quiero ni imaginar lo que tiene que ser vivirlo allí mismo. Miles de cadáveres amontonados uno encima del otro, con la mirada impotente de los últimos supervivientes. Los que han tenido la suerte de sobrevivir a ese terrible terremoto, podrían sufrir la desgracia de morir por falta de alimentos, medicinas, o posibles epidemias derivadas de todo lo anterior…
Desde aquí, todo mi apoyo, comprensión y solidaridad para los haitianos, y recuerda, también te puede pasar a ti.
