Cuando el río dejó de sonar

Un estudio que la revista “Nature” lleva a su portada llama la atención sobre un problema que ya ha adquirido “proporciones ominosas” y que amenaza un recurso vital para los humanos y para la biodiversidad. Y es que es tal el estado de nuestros ríos que aproximadamente un 80 por ciento de la población mundial (4.800 millones de personas) vive en zonas donde los cursos de agua están altamente amenazados, ya sea por contaminación, construcción de presas, vertidos procedentes de la agricultura o la introducción de especies exóticas. Una situación que no sólo pone en riesgo de extinción a muchas especies animales y vegetales sino que pone en jaque la seguridad en el acceso al agua en muchas zonas del planeta, según advierten los investigadores.
Contrariamente a lo que pueda pensarse, las mayores amenazas no están en los países en vías de desarrollo, sino en el mundo desarrollado, pese a décadas de prestar atención al control de la contaminación y de invertir en protección ambiental. Estados Unidos y “virtualmente toda Europa”, salvo Escandinavia y el norte de Rusia, dicen los investigadores, presentan algunos de los mayores niveles de amenaza tanto en suministro a la población como en afección a la biodiversidad. Lo mismo ocurre con grandes áreas de Asia central, Oriente Medio, el subcontinente Indio y China oriental. Pequeñas áreas con una amenaza alta se dan en el centro de México, Cuba, norte de África, Nigeria, África del Sur, Corea y Japón.
El futuro no parece halagüeño. Dada la tendencia creciente en extinción de especies y en el crecimiento de la población mundial y el desafío del cambio climático, los autores auguran que los sistemas acuáticos seguirán bajo amenaza en el futuro.




